Historia del Cantón

Breve Historia del Cantón Vázquez de Coronado “El lugar donde está Dios”

Valerie Rojas Molina
El Coronadeño Hoy

Muchos reconocen a nuestro Cantón por su Iglesia o su Palacio Municipal, por las zonas ganaderas y por algunos centros urbanos ya bastante desarrollados, pero el verdadero Coronado no siempre fue así.

Según la historia, en la parte que hoy corresponde al cantón Vázquez de Coronado tuvieron asiento varias poblaciones aborígenes.

Se dice que el grupo indígena que habitaba nuestro Cantón pertenecía al antiguo Cacicazgo Toyopán (cuyo significado es “lugar donde está Dios”, lugar Sagrado, Templo de Dios, del náhuatl: teoti: dios y pan: lugar) del llamado reino Huetar del Occidente.

Esta región fue explorada y conquistada por don Juan Vázquez de Coronado, quien internándose en el Valle Central de nuestro país, llegó por casualidad a ella, cuando el cacique Yorustí era el dueño de Toyopán.

Sobre los habitantes del lugar, decía Vázquez de Coronado, en su carta enviada al rey de España, don Felipe II que… “Los naturales son vivos de ingenio, belicosos, mayores de cuerpo que otros, bien hechos. Imitan en la sutileza de las contrataciones a los mexicanos; tienen ropa de algodón por extremo buena, gran cantidad de oro de todos los quilates”.

Y más adelante, escribía sobre el sitio lo siguiente… “Finalmente, Vuestra Majestad tiene aquí uno de los mejores rincones de su reino”.

De Vázquez de Coronado lo que se cuenta es que nació en Salamanca, España, era hijo de Gonzalo Vázquez de Coronado y Catalina de Anaya, fue alcalde de la ciudad de Santiago de Guatemala (hoy Antigua Guatemala), en 1562 fue nombrado alcalde mayor de Nuevo Cartago y Costa Rica.

Se cuenta que era un hombre humanitario, buen negociador con los caudillos indígenas, lo cual lo llevó a estrechar su amistad con el cacique Yorustí. En 1564 marchó a España en demanda de ayuda real para proseguir sus actividades y en 1565 el rey Felipe II lo nombró gobernador de Nicaragua y gobernador vitalicio de la Provincia de Costa Rica, le otorgó el título hereditario de Adelantado de Costa Rica con una renta anual y le concedió un señorío territorial, también hereditario, en suelo costarricense.

Murió en 1565, en un naufragio, cuando viajaba de regreso a Costa Rica. Su título de Adelantado fue heredado por su primogénito Gonzalo Vázquez de Coronado y Arias Dávila.

No obstante y a pesar de la fortuna que tenían nuestros antepasados al habitar estas zonas, luego de los tiempos de Vázquez de Coronado y del cacique Yorustí, en Toyopán, se inició una incipiente penetración en la zona, nuestros indígenas se vieron obligados a ceder frente a los conquistadores y en una última ceremonia sepultaron los altares de Toyopán para evitar su destrucción y escaparse de la profanación.

El descubrimiento de estos altares ha revelado en los últimos tiempos con exactitud, la localidad del antiguo Toyopán, que corresponde a lo que es actualmente San Rafael de Coronado, teniendo como centro de la comarca la llamada finca Monserrat.

Este altar de Toyopán fue descubierto en 1899 por Juan Corrales y obsequiado al Museo Nacional en 1900 por Juan Fernández Ferraz, quien le dio el nombre de “Ompa-Ontlaneci- Telt” o “Piedra Transparente”; en la que figura como motivo central “Tláloc” el dios de la Lluvia y de las Tormentas, dios de la cabeza grande y cuerpo pequeño, unido por jaguares a la mesa del altar, con los brazos en alto, y que deja escapar de las fauces de lagarto una serpiente con cabeza humana, que no llega hasta los pies. Bajo estos hay un lagarto de dos cabezas. En cada una de las columnas de este metate sagrado, hay un conjunto maravilla: Un jaguar que eleva sus garras sobre una cabeza humana; sobre las ancas del jaguar se levanta un mono.

Tláloc no solamente es conocido por nuestros antepasados coronadeños, su nombre trascendía por todo el área mesoamericana, Originalmente representaba al agua terrestre, en tanto que la serpiente emplumada representaba al agua celeste. Es más conocido en relación con la cosmología azteca. Los aztecas hicieron sacrificios de niños para honrarlo, ya que tenían a Tláloc como el responsable de las periodos de sequía y de las lluvias torrenciales. Pensaban también que otros dioses crearon a Tláloc.

Tláloc es originario de la cultura de Teotihuacan; a la caída de la ciudad, pasó a Tula y de ahí su culto se esparció entre los pueblos náhuatl. Los teotihuacanos tuvieron contacto con los mayas de ahí que ellos lo adoptaran o lo identificaran en la forma del dios Chaac.

En la cosmogonía tlaxcalteca, Tláloc se casó primero con Xochiquetzal, diosa de la belleza, pero Tezcatlipoca la secuestró. Tláloc se casó otra vez con Matlalcueye. Tiene una hermana mayor que se llama Huixtocíhuatl.

El metate calado

El metate de panel colgante o calado constituyó el primero de su tipo dado a conocer públicamente y uno de los más bellos hasta ahora. Representa un artefacto que desde el punto de vista escultórico, tanto en grado de dificultad técnica como concepto artístico, ha sido destacado en el continente americano por expertos en arqueología e historia del arte. Como mencionamos anteriormente, el descubrimiento lo hizo Juan Corrales en marzo de 1899 cuando se excavaba junto a su casa de habitación para extraer unas raíces de chayote a más de dos metros de profundidad. El señor Corrales se presentó al Museo Nacional, albergado a la sazón en la casona y predios de El Laberinto (calle 3, avenida 18 de la ciudad capital), con una “carretada” de fragmentos. Don Juan Fernández Ferraz separó los fragmentos correspondientes a cada artefacto. Pudo con ello darse cuenta de la extraordinaria conformación —hasta ese momento sin precedentes— del metate ceremonial que se recuperó completo, procediendo pacientemente luego a restaurarlo.

Este metate, de 70 cm de largo, forma actualmente parte de la colección del Museo Nacional con el número 15150. La colección del Museo cuenta con varios metates de panel colgante. En conjunto con la información de colecciones privadas, se sabe que unos 20 ó 25 ejemplares muestran el personaje central llevando siempre el mascarón o un tocado donde resalta una prominencia frontal a manera ya sea de hocico o de gran pico de ave. Junto al personaje aparecen, en variadas composiciones, otras efigies humanas tocando instrumentos musicales, además de aves de pico largo, felinos y monos como portadores de cabezas o, inclusive, cuerpos completos de seres humanos. Ninguno de los metates en cuestión posee datos precisos sobre sitios y contextos arqueológicos de procedencia, pues en su gran mayoría han sido recobrados por huaqueros.

El arqueólogo Michael J. Snarskis ha propuesto que, debido a las características de las imágenes, análogas a decoraciones cerámicas de periodos conocidos, los metates de panel colgante tienen entre 1.500 y 2 mil años de antigüedad, e indica: “ … el fino calado… fue logrado solo con herramientas de piedra y de material orgánico, más abrasivo (roca macerada, arena de río). Algunos metates de panel colgante muestran desgaste en la plataforma superior y otros no. Fueron probablemente usados para procesar alimentos y/o drogas en circunstancias rituales, y pueden haber servido como mobiliario funerario”. Sin embargo, la suposición de que sus contextos arqueológicos sean funerarios, aunque es muy plausible, no ha sido comprobada mediante excavaciones científicas.

Fuentes:

Atlas Cantonal de Costa Rica
Memoria Comunitaria de Vázquez de Coronado, Cátedra Joaquín García Monge
Monografía de Coronado, elaborada por Enrique Malavassi Vargas y personal docente de la Escuela José Ana Marín
Wikipedia

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