Caros pendiente

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Published in Opinion del director

El pagar los impuestos es una obligación que tenemos todos los ciudadanos, incluidos por supuesto los impuestos municipales que conforman buena parte del financiamiento de un gobierno local.

Ahora bien, cuando uno paga impuestos lo menos que espera es que estos sean bien invertidos y retornen a la comunidad en obras y mejoras para el cantón. No obstante, es triste, molesto y frustrante cuando cientos de millones de colones se van de un municipio a los bolsillos de unas pocas personas, por errores que se cometen dentro del ente y que al final de cuentas los que los pagamos somos los contribuyentes.

Por supuesto que eso pasa a nivel país, también, pero la diferencia es que entre tanto dinero que ingresa, las cuentas se pierden en la mente de las personas: el cementazo, la trocha, etc., etc.

No obstante, en las finanzas de una municipalidad sí se notan más, como es el caso de la de Coronado, que a lo largo de la última década han tenido que pagar cientos de millones de colones solo porque alguien se equivocó o no hizo bien su trabajo o peor aun actuó con dolo.

En 1998, unas bombetas en un juego de pólvora estallaron entre un grupo de personas en el parque, hubo un muerto y dos heridos graves, y ni quien manipuló la pólvora ni la comisión de festejos que no garantizó la seguridad en la actividad enfrentaron la responsabilidad por lo sucedido. Como resultado, muchos años después la Municipalidad tuvo que pagar un chorro de millones de colones de indemnización a los perjudicados.

Luego, años más tarde, despiden a dos funcionarios, un abogado y un ingeniero; estos pelean dicho cese por la vía judicial y la Municipalidad lo pierde y se dice que más allá de si tenían razón o no, lo ganaron porque la Municipalidad no defendió bien el caso que le costó como 200 millones.

Hace pocos años, de nuevo, despiden a varios funcionarios por una cuestión válida de falta de presupuesto, se les paga las prestaciones pero increíblemente no lo justifican bien, y para peor de males se dice que se hizo una mala defensa, un tema que estuvo muchos años en el tapete terminó siendo defendido a la carrera y pum, de nuevo perdió la Municipalidad y ahora esos funcionarios están a punto de cobrar otros cientos de millones y algunos tendrán que ser reintegrados.

Luego, hace unos años se le da el uso de suelo a un empresario que quiere poner una gasolinera por el sector del Comité Olímpico; luego resulta que según el Plan Regulador dicho proyecto no se podía hacer ahí; se viene un pleito, la Municipalidad pone una lesividad (que es aceptar que cometieron un error) y ya el juzgado les aceptó eso, pero ahora deberán indemnizar al empresario y se habla de millones y no de colones. ¿Cuánto suma todo eso? Ni quiero preguntar para no torturar innecesariamente a mi pobre hígado.

Creo que cuando se administran bienes y fondos públicos, como en este caso, debe existir rigor en cuanto a sentar responsabilidades sobre quienes cometen errores o hechos que afecten gravemente las finanzas del municipio. De otra manera, quienes pagamos los impuestos nos vamos a cansar de ver el rumbo que toma nuestro dinero.

Creo que ya es la hora de hacer un alto y que cada funcionario municipal e incluso los miembros de los concejos, que también han estado ahí para defendernos y cuidar del municipio, tomen verdadera consciencia de la responsabilidad que tienen y que se exija a quien cometa un error, un horror o un abuso, que enfrente las consecuencias penales y monetarias de este.

Señores, hagan un alto en el camino porque por más buenas intenciones que tenga una administración, pagando “errores” de esta forma y magnitud, cualquier institución o empresa se va de a pique.

Pongan orden, sienten responsabilidades y que cada palo aguante su vela.

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