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Published in Opinion del director

Inicia un nuevo año, vienen las elecciones presidenciales y hay que ponerle.

Sí, ponerle, independientemente de quien llegue a la presidencia, porque ninguno de esos candidatos que aseguran que nos van a arreglar la vida, nos podrán llevar una vez elegidos al país de la leche y la miel.

El próximo 5 de febrero todos los que pertenecemos a la clase trabajadora de este país nos levantaremos a ponerle, igual que todos los lunes, porque dependemos de nuestro trabajo y no de promesas.

Que es un deber votar, es cierto, pero qué tal si yo considero que no hay por quién votar y anulo mi voto. ¿Y qué pasaría si en un país el número de votos nulos fuese el ganador de las elecciones? Personalmente creo que ese sería un buen mensaje para una clase política y un Tribunal Supremo de Elecciones que le han quedado debiendo mucho a este país.

¿Cómo puede ser posible, me pregunto, que a la gente del TSE nunca le haya interesado hacer una verdadera campaña nacional para concientizar y hasta enseñarle a la gente, que la parte más importante de un proceso electoral democrático no son las elecciones finales, sino es al principio, en la forma cómo se eligen los candidatos?

Oímos cada cuatro años en la calle la clásica frase de que ninguno sirve para nada. ¿Pero entonces? ¿Quién llevó a esos “inservibles” a postularse para presidente de todos los costarricenses?

El asunto es que si queremos que lleguen a la presidencia personas realmente honestas, comprometidas, trabajadoras y capaces, debemos perfeccionar el proceso electoral, dándole primordial atención al sistema de elección de candidatos, algo que actualmente pasa inadvertido para la mayoría de las personas que luego van a ir a votar por un color político, o un político de fácil verbo y falsa sonrisa.

Mientras tanto, en los procesos de elección solo participan minorías o se hacen a puertas cerradas, entre los amigotes de los amigotes, imponiéndose al final los apellidos políticos, las fuerza del dinero o la manipulación del político tradicional, quien hábilmente maneja a su antojo a su legión de pegabanderas.

Seguir con lo actual es una farsa. Para mí el derecho de ir a votar no es necesariamente lo que define como democrático a un proceso, sino, es el derecho, en iguales condiciones para todos, de conocer y participar en la elección de los mejores candidatos de la sociedad, para que estos postulen sus nombres, ofreciendo su capacidad y conocimiento al servicio de su país, si son electos, o de igual manera si no lo fueran, que estén dispuestos a colaborar con el país, no por un color político, sino por convicción y verdadero amor a la patria.

Recuerden, señores del Tribunal, que no son ustedes, sino el país entero (que los incluye a ustedes como personas) quienes pagamos esa “fiesta” electoral que vale miles de miles de millones de colones, que se podrían utilizar en vivienda, en aliviar un poco la pobreza extrema, en mejorar la seguridad y etc., etc., o sea todos los etc. que después el candidato convertido en presidente va a decirnos que no puede realizar, porque no hay plata.

Revisen, señores del Tribunal, que entre esos candidatos que hoy se postulan a la presidencia hay algunos que ya se acostumbraron a vivir de eso, de que cada cuatro años los costarricenses les paguemos su afición por huirle al trabajo; esos que no le dan campo a las nuevas caras que vienen atrás tratando de abrirse paso, y se han perpetuado a costa de todos los que pagamos impuestos, para que ellos sigan su fiesta.

Costarricenses, ir a votar cada cuatro años sin sentido, no tiene razón de ser. Votar por un color, como si fuera un equipo de fútbol, es renunciar dócilmente al futuro que se merece esta nación. La historia nos dice que mientras no se realicen grandes reformas, nunca se lograrán grandes cambios, o sea, si haces siempre lo mismo, siempre obtendrás los mismos resultados.

Ciudadano, si se decide ir a votar, hágalo por el que considere usted que le hará menos daño a este país, pero para las próximas elecciones involúcrese desde el principio. Haga valer su opinión dentro de su partido político, y la suma de todas esas opiniones francas devengará en un proceso sano, limpio, justo y honesto. Por otro lado, la indiferencia solo nos empujará más hacia ese abismo que la clase política actual, envuelta en la corrupción, el clientelismo, el tráfico de influencias y muchas otras matráfulas más, nos está llevando, sin importarle realmente la situación del país, porque lo único que pretende es mantener el statu quo.

Si vota, piense antes. Si no, no pierda el tiempo.

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