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El hecho de ver cada día más y más personas deambulando por Coronado, sin techo, sin comida, sin vida, resulta más que preocupante, doloroso.

Para algunos, estas personas representan un problema que debe subsanarse; para otros son solo un asunto que molesta y por lo tanto hay que erradicarlo; para un tercer grupo, son el resultado de una sociedad enferma, que se consume en su individualismo egoísta; y para un último grupo, son gente que sencillamente requiere ayuda, de un brazo que los saque y salve de las arenas movedizas en las que se están consumiendo.

Aunque todos estos puntos de vista podrían tener algo o mucho en común y de razón, lo cierto es que el único pecado que no podemos cometer es ignorar esta situación, como si no existiese.

La pobreza extrema, que obliga a muchas personas en el mundo a dormir en las calles, o vicios como las drogas y el alcohol, que doblegan a otro tanto, ricos y pobres, lanzándolos al fondo del precipicio, requieren que la sociedad haga un alto en el camino y busque soluciones integrales, no solo remedios temporales, para este cáncer que en algún momento puede llegar a tocar a nuestras vidas.

Hoy en día, en Coronado hay varios grupos y personas que se dedican de una u otra forma a ayudar a estos seres humanos; de hecho pertenezco a uno, pero creo que es el momento de que a nivel municipal se conforme una comisión que incluya representantes de ciertas instituciones y organizaciones del cantón, para, primero, hacer un inventario de qué se está haciendo realmente por ayudar a esta gente y, segundo, para que se generen esfuerzos por apoyar a quienes están realizando una buena labor.

Desgraciadamente, con respecto a este tema, si bien existe mucha gente que actúa con el corazón, hay otros que lo hacen con cálculo, buscando intereses propios o generándose una forma de vida a costas de una situación tan delicada.  A los primeros, hay que ayudarlos, a los segundos, desenmascararlos.

También da qué pensar ver cómo cada vez surgen más albergues en este cantón, pero por otro lado sigue creciendo la indigencia en nuestras calles. Me imagino que me podrían dar múltiples respuestas a esta interrogante, porque el problema es a nivel nacional, mundial, pero también lo cierto es que los coronadeños desearíamos ver primero una solución o mejoría de esta situación en nuestro cantón.

Estamos claros de que esto no se trata de ir, montar a una persona a un carro y llevársela. Es más, estamos conscientes de que un gran porcentaje de las personas a las que se intenta ayudar, recaen. De ahí, es que apelo a unir y organizar los esfuerzos, para realizar una labor que primero arranque en las calles, con ayuda profesional, para tratar de convencer a estas personas que se dejen ayudar; posteriormente poderlos internar para desintoxicarlos y que lleven un proceso de recuperación, y luego pasarlos a una casa media, donde se puedan quedar mientras consiguen trabajo, aceptación de sus familias y puedan reintegrarse poco a poco a la sociedad.

Sé que no es fácil. Hay decenas de atenuantes y observaciones que muchos harían con respecto a esta propuesta, pero lo cierto es que para solucionar un problema hay que abordarlo. Lo otro sería seguir trabajando todos en el plano individual, en lo privado, tocando puertas uno detrás del otro, sin dar cuentas de lo que se hace, sin analizar resultados y, al final de cuentas, seguir con esta duda de ver en ocasiones grupos hasta de 8 o 10 indigentes en una cuadra, en el centro de Coronado. Ahí es cuando uno se pregunta: ¿para qué o para quienes estamos trabajando?

Si de verdad queremos ayudar, pongamos todos un grano de arena en esta extensa playa, con la idea de que con una sola alma que se recupere de este infierno, habrá valido la pena, cualquier esfuerzo.

Opinión del director

Indigencia

El hecho de ver cada día más y más personas deambulando por Coronado, sin techo, sin comida, sin vida, resulta más que preocupante, doloroso.

Para algunos, estas personas representan un problema que debe subsanarse; para otros son solo un asunto que molesta y por lo tanto hay que erradicarlo; para un tercer grupo, son el resultado de una sociedad enferma, que se consume en su individualismo egoísta; y para un último grupo, son gente que sencillamente requiere ayuda, de un brazo que los saque y salve de las arenas movedizas en las que se están consumiendo.

Aunque todos estos puntos de vista podrían tener algo o mucho en común y de razón, lo cierto es que el único pecado que no podemos cometer es ignorar esta situación, como si no existiese.

La pobreza extrema, que obliga a muchas personas en el mundo a dormir en las calles, o vicios como las drogas y el alcohol, que doblegan a otro tanto, ricos y pobres, lanzándolos al fondo del precipicio, requieren que la sociedad haga un alto en el camino y busque soluciones integrales, no solo remedios temporales, para este cáncer que en algún momento puede llegar a tocar a nuestras vidas.

Hoy en día, en Coronado hay varios grupos y personas que se dedican de una u otra forma a ayudar a estos seres humanos; de hecho pertenezco a uno, pero creo que es el momento de que a nivel municipal se conforme una comisión que incluya representantes de ciertas instituciones y organizaciones del cantón, para, primero, hacer un inventario de qué se está haciendo realmente por ayudar a esta gente y, segundo, para que se generen esfuerzos por apoyar a quienes están realizando una buena labor.

Desgraciadamente, con respecto a este tema, si bien existe mucha gente que actúa con el corazón, hay otros que lo hacen con cálculo, buscando intereses propios o generándose una forma de vida a costas de una situación tan delicada.  A los primeros, hay que ayudarlos, a los segundos, desenmascararlos.

También da qué pensar ver cómo cada vez surgen más albergues en este cantón, pero por otro lado sigue creciendo la indigencia en nuestras calles. Me imagino que me podrían dar múltiples respuestas a esta interrogante, porque el problema es a nivel nacional, mundial, pero también lo cierto es que los coronadeños desearíamos ver primero una solución o mejoría de esta situación en nuestro cantón.

Estamos claros de que esto no se trata de ir, montar a una persona a un carro y llevársela. Es más, estamos conscientes de que un gran porcentaje de las personas a las que se intenta ayudar, recaen. De ahí, es que apelo a unir y organizar los esfuerzos, para realizar una labor que primero arranque en las calles, con ayuda profesional, para tratar de convencer a estas personas que se dejen ayudar; posteriormente poderlos internar para desintoxicarlos y que lleven un proceso de recuperación, y luego pasarlos a una casa media, donde se puedan quedar mientras consiguen trabajo, aceptación de sus familias y puedan reintegrarse poco a poco a la sociedad.

Sé que no es fácil. Hay decenas de atenuantes y observaciones que muchos harían con respecto a esta propuesta, pero lo cierto es que para solucionar un problema hay que abordarlo. Lo otro sería seguir trabajando todos en el plano individual, en lo privado, tocando puertas uno detrás del otro, sin dar cuentas de lo que se hace, sin analizar resultados y, al final de cuentas, seguir con esta duda de ver en ocasiones grupos hasta de 8 o 10 indigentes en una cuadra, en el centro de Coronado. Ahí es cuando uno se pregunta: ¿para qué o para quienes estamos trabajando?

Si de verdad queremos ayudar, pongamos todos un grano de arena en esta extensa playa, con la idea de que con una sola alma que se recupere de este infierno, habrá valido la pena, cualquier esfuerzo.

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