Conversemos sobre los padres “tóxicos” Featured

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Me gusta empezar muchos de mis artículos recordando frases de mi abuelita “Nida”; fue ella quien me crió junto con mi madre los primeros seis años de mi vida. ¡Vaya situaciones de pobreza económica que vivieron ellas en ese entonces! Y, sin embargo, mi “Tita” me creó un mundo de fantasía y amor que no requería de nada material. Me amó y me corrigió con amor, pese a sus limitaciones y creencias.

Muchas veces lo he dicho, no existe un manual para ser padre o madre, sin embargo es nuestra responsabilidad (más hoy, con tanta información disponible que hay) informarnos, aprender y procurar ser mejores cada día, quitando la culpa de por medio y sabiendo que hacemos lo mejor que podemos, con el nivel de conciencia que tenemos en ese momento.

Me ha tocado ser jefa de hogar por muchos años, criar a mis hijos y procurar guiarlos hasta donde he podido; he tenido que reconocer muchas veces que no estoy haciendo bien las cosas, así como tener la humildad de reconocerlo, y he procurado buscar apoyo, ayuda e información. Es por eso que hoy deseo tocar el tema de los “padres tóxicos”. Los padres tóxicos (ambos) son aquellos que debido a las características de su personalidad y vivencias pasadas, dañan la vida de los demás; acá hablamos de los hijos a los que educan pero de manera poco o nada recomendable.

En algún momento hemos tratado con alguien así. Alguien que nos ha hecho sentir mal sin razón aparente y de forma sutil. Esto es lo más grave, pues se hace “supuestamente” sin ninguna intención y por tanto se vuelve más confusa la sensación, ya que si alguien te daña de frente te defiendes, pero cuando esa persona es tu madre o tu padre, los que se suponen te quieren sobre todas las cosas, y te hacen sentir mal… ¿qué está ocurriendo?

De niño casi no te das cuenta de ese maltrato, pero al crecer, comienzas a sentirlo de forma consciente; por lo que lo normal es alejarse lo más que se pueda, de esa persona que nos anula. Un día, de repente, nos damos cuenta de que podemos vivir sin ella y que somos adultos para irnos donde queramos.  También se da el caso contrario: no abandonar jamás el nido por haber perdido toda la autoestima en los primeros años de vida. Esto es lo que nos ocurre al ser niños, somos manipulables y como nos eduquen, seremos. (Por eso es tan importante que si nos damos cuenta que pasamos por eso, busquemos apoyo para perdonar, aceptar a nuestros padres y sanar; acá la terapia de Constelaciones Familiares es excelente).

Si nos vemos reflejados en estas características de personas tóxicas, rectifiquemos, reflexionemos y cambiemos el destino. Si identifican una persona con estas características, que tenga niños a su cargo, y pueden hacer algo para aliviar esa situación y hacer que ese pequeño se sienta mejor consigo mismo, háganlo sin dudar. Es posible que estén “salvando” a un próximo adulto que podría ser muy dañado emocionalmente.

Estos los principales tipos de madres y padres tóxicos:

Absorbentes: los niños deben poco a poco ir haciendo su vida y descubriendo el mundo, pero esto los padres tóxicos no lo entienden. Los quieren muy cerca y para ello impiden cualquier sospecha de independencia, haciéndoles sentir culpables simplemente por querer convivir con otras personas. En la adolescencia esta situación se agrava cuando aparecen amigos, novios, actividades en grupo fuera del hogar.

Perfectos: “ninguna persona te va a querer como yo” es la frase que puede resumir este tipo, que esconde una autoestima inexistente en el padre o la madre, que pretende llenar su propia vida siendo el eje principal de la vida del hijo. Nadie te amará, cocinará, cuidará, vestirá como yo. Nadie te conoce igual ni te entiende ni sabe lo que necesitas. Lo más grave, si no hay una persona cerca que neutralice esta situación, ese niño crecerá aislado de las personas, porque según su padre o madre, el resto del mundo en su totalidad no le querrá bien.

Competitivos: se dan los casos de padres que compiten con tus hijos, pese a que parezca una aberración. Hay madres que ven en sus hijas rivales y hay padres que ridiculizan a sus hijos para sobresalir. Si has tenido hijos sin ser muy consciente de lo que estabas haciendo, es posible que descargues tu frustración en ellos y que te niegues a darles amor y comprensión, a la vez que les culpabilizas de todo lo malo que te ocurre.

Indiferentes: me refiero a la falta absoluta de control y límites. Por apatía o desinterés, se termina dejando que el niño haga y decida su vida sin estar capacitado aún para ello; esto da como resultado, niños con poca o ninguna tolerancia a la frustración, caprichosos y egoístas.

Manipuladores: Trasforman la realidad a su antojo, se inventan lo que ha pasado. Estos padres son realmente dañinos pues les “venden” a sus hijos una realidad que no existe más que en su cabeza y que a ellos les conviene; lo peor de esto, “son tus padres y eres pequeño, ¿a quién le vas a creer?”.

Distantes: No dan afecto ni valoran el que reciben de sus hijos. Es muy probable que hayan crecido así y repiten este triste comportamiento con sus hijos. Estos niños crecen sin recibir amor y acaban por no darlo tampoco, ya que son rechazados. Cualquier muestra de atención que tengan hacia sus padres puede ser recibida con un “es lo que debes hacer, es tu obligación”. Este vacío emocional es muy perjudicial para el niño, ya que en la etapa adulta llegarán las dificultades para relacionarse y una sensación de culpa en los momentos que se sienta feliz, ya que lo han criado haciéndole creer que no tiene derecho a serlo.

Limitadores: perpetúan los roles de género hasta el extremo, educando niñas sumisas, delicadas, femeninas e híper responsables, así como varones que no deben mostrar sus sentimientos y sí ser agresivos y despreocupados. Lo malo no es ser así por tu propia naturaleza, lo nefasto es que tu sexo defina tu forma de ser desde que naces limitando tu vida y tus deseos. Estamos en el 2018, por favor, dejemos que cada niño sea persona ante todo y desarrolle su personalidad de forma natural.

Víctimas: El afán por llamar la atención, de este tipo de personas, no tiene límite; llegan incluso a “enfermarse” si se les lleva la contraria. Para conseguir que los niños hagan lo que quieren aun cuando no sea bueno o saludable, usan el chantaje emocional de forma deliberada, y esto es peligrosísimo, pues la culpa que les hacen sentir a los niños, anula su carácter y voluntad, convirtiéndolos en un “títere” sin decisión.

Existen muchas clases de padres tóxicos, lamentablemente. Es básico e indispensable entender la responsabilidad que implica tener hijos y educarlos. Nuestra influencia es fundamental en su desarrollo como personas sanas emocionalmente; debemos tener la humildad de reconocer que si no podemos con esto o nos sobrepasa, debemos pedir ayuda familiar o profesional.

        

Bendiciones para su vida y que su vida sea de bendición para los demás.

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